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martes, 17 de octubre de 2017

Coleccionar buenos recuerdos

Fuente: “Nudos mentales” de Bernardo Stamateas.


Se cuenta que un hombre estaba cansado de que su jefe lo maltratara. Así fue que un día decidió guardar una piedra que le hiciera recordar cada insulto, cada desprecio, cada humillación que el jefe le hiciera. Esa sería su forma de no olvidar tanto abuso y reclamar justicia.

Así, día tras día, en el bolsillo de su chaqueta fue guardando piedras que le recordaran los agravios de su jefe. Pero al cabo de cierto tiempo y a causa del peso, el bolsillo de la chaqueta se le rompió. Entonces el hombre se compró un maletín grande y allí siguió colocando piedras. Cuanto mayor era la injuria por parte de su jefe, más grande era la piedra que guardaba. El maletín se puso tan pesado que el hombre adquirió una maleta de viaje con ruedecitas para guardar más piedras. Todos los días arrastraba su maleta cuando iba al trabajo y todos los días regresaba a casa con más piedras. Un día, el jefe estalló en risas al ver a su empleado arrastrar semejante maleta: “¡Usted sí que es un verdadero idiota!”, le dijo.

Ya no tenía espacio en los bolsillos, en el maletín ni en la maleta con ruedecitas, así que el hombre decidió empezar a guardar piedras en su casa. ¡Él debía hacer memoria de cada injusticia o cada insulto! Como su jefe lo seguía maltratando, en poco tiempo la casa del hombre comenzó a llenarse de piedras. Había piedras en el jardín, en la cocina, en la sala en el dormitorio y hasta en el baño. El tiempo pasaba y día tras día el hombre iba a su trabajo con los bolsillos, el maletín y la maleta llenos de piedras, y regresaba a su casa, donde ya no cabía una piedra más.

Una tarde, mientras el hombre estaba sentado sobre un montón de piedras en su jardín, pasó alguien que resultó ser geólogo. Impresionado por la cantidad y variedad de ejemplares, el geólogo hizo correr la voz y rápidamente profesores, decanos, adjuntos, doctores y estudiantes de geología llegaron hasta la casa del hombre para admirar su bellísima colección de piedras. “¿Es usted un geólogo experto? ¿Cómo consiguió hacerse con una colección de piedras tan completa?”, le preguntaron. Un poco avergonzado el hombre les contó que todo había empezado con una piedrecita que guardó para recordar que lo habían agraviado. Cuando su jefe volvió a insultarlo guardó otra y después otra más. Tantas veces lo había agraviado su jefe que su casa se terminó llenado de piedras. “¡Qué triste es su historia, señor!”, comentaron los geólogos sorprendidos, y se retiraron del lugar.

Ocho meses más tarde, los geólogos volvieron con nuevos alumnos a visitar la colección de piedras del hombre, pero al llegar a la casa observaron que ya no había ninguna piedra y todo el jardín estaba repleto de flores. Cuando llamaron a la puerta y el hombre los recibió, se asombraron al ver que el interior de la casa también estaba lleno de flores de todos los tamaños y colores. ¡Incluso tenía flores sobre los zapatos que calzaba! Al ver la cara de desconcierto de los geólogos, el hombre explicó: “Yo juntaba una piedra por cada agravio, por cada dolor, pero ustedes me hicieron reflexionar. Resolví que en vez de guardar piedras por cada agravio, ahora plantaría una semilla por cada cosa bonita que me pasara. Por eso cambié mi colección y ahora reúno flores.”


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miércoles, 11 de octubre de 2017

Gestionar los cambios

Fuente: "Nudos mentales" de Bernardo Stamateas.


Cada uno de nosotros ve la realidad desde su paradigma. Un paradigma es una estructura mental formada por pensamientos, argumentos y razones, que nos lleva a actuar de la manera que actuamos, a pensar que el mundo es de determinada manera. Ese paradigma nos genera una zona conocida, o de “confort”, de la cual no queremos salir, porque eso implica entrar en una zona de ansiedad.

Hay personas que siempre dicen que no a cualquier propuesta y responden “no se puede”, “es muy complicado”, etc. Suelen ser personas conservadoras, temerosas de los cambios, a las que les asusta la innovación. También puede tratarse de personas que no tiene motivación más allá de lo que hacen, no quieren comprometerse y evitan toda exigencia.

Sin embargo, en nuestra vida se producen crisis que implican que se produzcan inexorablemente cambios. Generalmente, nos resistimos a esos cambios y, por eso, no logramos administrarlos.

Todo cambia, toda la vida se compone de cambios. Deberíamos, por tanto, de gestionar los mejores cambios en nuestra vida.

Lo primero que tenemos que aprender es a aceptar que las cosas jamás van a volver a ser como eran ni a funcionar igual que antes. La gran ilusión de toda crisis es querer volver las cosas atrás y recuperar lo que era, pero eso, además de ser imposible, no sirve. No debemos aferrarnos al pasado.

Conservar las cosas como estaban solo logrará prolongar la crisis. Un ejemplo típico de esto es el caso de las parejas que se pelean y se arreglan, hasta que vuelven a pelearse para volverse a arreglar. Intentan recomponer lo que eran en vez de aceptar el cambio y empezar a funcionar de otro modo distinto. Parecen no darse cuenta de que si las cosas hubieran funcionado bien del modo en que estaban, no se habría producido una crisis.

Poner parches no sirve, no nos cambia la situación. La única manera de atravesar una crisis es ir adelante, aprender a funcionar de un modo nuevo, distinto. Solo si abandonamos viejas ideas podremos avanzar. Tenemos que construir en un nuevo escenario, ya sea en el ámbito de pareja, laboral, financiero, etc.

No debemos tenerle miedo a la crisis, ya que nos permite crecer. El primer cambio es el más difícil, el segundo es más sencillo… Un pequeño cambio trae tras de sí una catarata de cambios.


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jueves, 5 de octubre de 2017

A su imagen y semejanza

Fuentes:
“Pensamientos cotidianos” de Omraam Mikaël Aïvanhov.
“El día del relámpago” de J.J. Benítez.


La creación de Adán (detalle). Miguel Ángel. Capilla Sixtina. Roma. Ciudad del Vaticano.

En el libro del Génesis está escrito que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. “Dios dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”…

Judíos y cristianos llevamos citando durante siglos este versículo, pero no profundizamos en el significado de esta revelación y continuamos quejándonos de no recibir respuesta a nuestras oraciones.

Decir que Dios nos creó a su imagen, significa que introdujo en nosotros una quintaesencia de Él mismo, de la misma luz, de la misma pureza, del mismo poder…

Él nos habita y nos reclama susurrando…

Cuando descubrimos que estamos habitados por Dios, los esfuerzos que hacemos por conseguir conectar con “la chispa” divina, hace brotar una luz y una fuerza que nos vivifica y que son la respuesta que Dios da a nuestras oraciones.

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viernes, 29 de septiembre de 2017

Familias tóxicas

Fuente: “Kintsukuroi. El arte de curar heridas emocionales” de Tomás Navarro.


Es posible que seas la persona más afortunada del mundo y tengas una familia maravillosa. Sin embargo, por cada familia feliz hay cientos que son infelices.

Muchas veces, hay familias maravillosas porque tienen que ser maravillosas sí o sí. El deseo de que así sea, es más un deseo que una realidad. Hay mucho autoengaño.

Nacemos donde nacemos. No elegimos a nuestros padres ni nuestro contexto familiar. Nuestros padres y hermanos pueden ser encantadores o ser asesinos en serie. No depende de nosotros lo más mínimo.

Lo ideal, sin ningún tipo de dudas, es que te lleves bien con tu familia, pero a menudo no solo no es posible, sino que el precio que tienes que pagar por conseguirlo es demasiado elevado.

Las relaciones familiares provocan mucho sufrimiento, así como nefastas consecuencias negativas que perduran años y años. No se puede tolerar cualquier cosa por el mero hecho de que quien lo haga sea tu padre, tu madre o tu hermano. No se puede tolerar todo. No se puede tolerar el maltrato físico o psicológico, ni el sufrimiento gratuito.

Yo estoy a favor de la vida familiar, pero solo si es buena para todos los integrantes. Tener un lazo de sangre no implica que haya que sentir un lazo afectivo.

Si no encajas en la familia que tienes, no te sientas mal por ello. Quizás tenéis prioridades, valores o puntos de vista diferentes. Si no puedes convivir con alguien que maltrata a otras personas, que roba, que es machista, homófobo, mentiroso o manipulador, no tienes nada de qué avergonzarte. No te sientas culpable. Ten cuidado con la culpabilidad originada por la propia familia o sus emisarios.

Es posible que no quieras a tu familia. No pasa nada, no se puede querer a quien te hace daño continuamente. No eres un bicho raro. La mayoría de las personas sufren directa o indirectamente por culpa de sus familias. El origen de muchos problemas de salud mental está en la familia.

Posiblemente no te entiendan. No tienes nada que justificar. No tienes por qué dar explicaciones.

Suelta lastre, deja de cargar con lo que te limita. Tu familia no tiene por qué atraparte ni condicionarte. Empieza a escribir tu propio destino.

Esto no significa que haya que renunciar a formar tu propia familia. Precisamente has tenido una gran lección de vida y tú puedes ser el origen de una familia donde reine el respeto y el amor.


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sábado, 23 de septiembre de 2017

La frustración de Noé

Fuente: “La culpa es de la vaca. 2ª parte” de Jaime Lopera Gutiérrez y Marta Inés Bernal Trujillo.


Aproximándose el año 2050, el Señor bajó a la Tierra y así le habló a Noé:

—Dentro de seis meses haré llover cuarenta días y cuarenta noches hasta que todo tu país sea cubierto por las aguas y los malvados sean destruidos. Solo voy a salvarte a ti, a tu familia y a una pareja de cada especie animal viviente en tu patria. Te ordeno que construyas un arca y reúnas a los animales para que en seis meses estén todos aquí, listos para embarcar.

—Pero, Señor... —intentó argumentar Noé, un humilde carpintero de provincia.

—¡Por favor, Noé, haz lo que te digo! —ordenó el Señor—. ¡En este país la perversión, la corrupción y la injusticia han alcanzado un grado intolerable! Las ansias de poder y de riqueza han hecho olvidar a sus habitantes mis enseñanzas. Han dejado de lado el amor al prójimo y el respeto a sus semejantes. ¡Les voy a dar un castigo ejemplar!

—Haré lo que tú ordenas, Señor —dijo Noé, que era un hombre extraordinariamente recto, bueno y piadoso.

Pasaron seis meses, el cielo se oscureció y el diluvio comenzó. El Señor bajó de nuevo y pudo ver a Noé llorando amargamente en la puerta de su casa. No había construido el arca y solo unos pocos animales vagaban alrededor de su humilde vivienda.

—¿Dónde está el arca, Noé? —preguntó Dios.

—Perdóname, Señor —suplicó el pobre hombre—, hice lo que pude, pero encontré grandes dificultades:

Para construir el arca tuve que gestionar un permiso, conseguir que me aprobaran los planos del proyecto y pagar impuestos altísimos. Después me exigieron que el arca tuviera un sistema de seguridad contra incendios y diferentes vías de evacuación, lo que solo pude arreglar sobornando a un funcionario.

Algunos vecinos se quejaron de que estaba trabajando en una zona residencial y perdí mucho tiempo para conseguir la autorización, pues en el Ayuntamiento pretendían una contribución para la campaña de reelección del alcalde. Pero el principal problema lo tuve para conseguir la madera, pues en la Delegación de Medio Ambiente no entendían que se trataba de una emergencia y me dijeron que, según un decreto en el que no se contempla la construcción de arcas, solo había madera disponible para las embarcaciones de mar.

Luego apareció el sindicato que, apoyado por el Ministerio del Trabajo, me exigía dar empleo a sus carpinteros afiliados. Mientras tanto, comencé a buscar a los animales de cada especie y, como no eran para el zoológico, el Ministerio de Agricultura me obliga a rellenar infinidad de formularios y pagar unos impuestos imposibles de afrontar. El Ministerio de Obras públicas, por su parte, me exigió un plano de la zona que se inundaría y cuando les envié un mapa del país, me iniciaron un proceso por desacato.

Por último, El Ministerio de Hacienda consiguió una orden judicial para que la policía entrara en mi casa en busca de facturas para una inspección tributaria y me desbarataron lo poco que había logrado avanzar en la construcción del arca.

Noé acabó su relato y el Señor no dijo nada. Puso su brazo afectuosamente sobre el hombro de Noé y al cabo de unos instantes la lluvia cesó. El cielo comenzó a despejarse. Apareció un sol brillante y un bello arco iris se desplegó sobre el firmamento.

—Señor, ¿significa esto que no vas a destruir a mi país? —preguntó Noé con los ojos esperanzados, aunque todavía llorosos.

—No, Noé —respondió Dios con una mirada comprensiva—, no es necesario: alguien ya se está ocupando de hacerlo...


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domingo, 17 de septiembre de 2017

¿El casamiento baja del cielo?

Fuente: “Al sur de la razón” de Juan José Benítez.


En todas las culturas, el matrimonio siempre ha sido un pacto entre dos partes. Es decir, un arreglo humano que tiene como consecuencia la procreación y, sobre todo, la mutua ayuda. Lo ideal es que nazca del amor, pero no es el requisito básico y como cualquier otro negocio, el matrimonio también falla.

Como a otras muchas cosas, el ser humano ha añadido al matrimonio una supuesta divinidad. Somos nosotros quienes pretendemos que Dios se mezcle en los asuntos domésticos, bendiciendo o condenando nuestros éxitos o fracasos. Él, sin embargo, jamás toma partido. Él no condiciona. Él no juzga. Somos nosotros quienes nos empeñamos en mantener vivo lo que puede morir.

Alguien, intencionadamente, nos hizo creer que el matrimonio tiene un carácter sagrado y, en consecuencia, indisoluble.

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lunes, 11 de septiembre de 2017

Buscar reconocimiento

Fuente: “Resultados extraordinarios” de Bernardo Stamateas.


Mucha gente, cuando hace las cosas, siempre está esperando la felicitación, que se le diga que lo ha hecho estupendamente o que se le dé las gracias.

Tu motivación nunca debe ser buscar el reconocimiento.

Si te mueves por reconocimiento vivirás siempre frustrado, porque cuando el reconocimiento es la única motivación, la autoestima siempre estará en manos de los demás y dependiendo de cómo los otros reconozcan tu trabajo, así te sentirás. Los otros tendrán la llave de tu estado de ánimo.

Cuando el reconocimiento está en tus manos, eres libre de la opinión de los demás.

No busques el reconocimiento de los otros y estarás libre de la gente; es lo mejor que te puede pasar.


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martes, 5 de septiembre de 2017

La necesaria autoridad

Fuente: “Tu fuerza interior” de Bernardo Stamateas.


El 16 de junio de este año en la entrada titulada “Estaré aquí mismo…”, hablando de mis alumnos/as, comentaba la importancia de que las familias entiendan que la educación de sus hijos e hijas es una tarea compartida y depositen en mí su confianza y la autoridad necesaria para educarlos. Pero ¿qué es la autoridad? En contra de lo que todo el mundo cree, no es dar órdenes, sino tomar decisiones.

Si una madre le dice a su hijo: “Avisa a tu hermana de que salimos a las once y dile que esté lista para esa hora”, él seguramente le va a dar órdenes a la hermana para que se dé prisa, pero este chico no está ejerciendo autoridad; la que ejerció autoridad es la madre que decidió qué debía hacer cada uno.

La autoridad consiste en el ejercicio de la capacidad de decidir. Cada vez que vamos al médico y nos prescribe una medicación, el profesional ejerce autoridad porque decide qué es lo mejor para sus pacientes.

Los niños pequeños no deciden. Somos los padres los que decidimos qué comen, cómo se visten, cuál es el ritmo de la casa, etc. Cada vez que decidimos marcamos un camino a seguir. Cuando dices a un hijo: “Primero tienes que estudiar y después puedes ir a jugar”, estás marcando, decidiendo, mostrando un rumbo, transmitiendo un valor.

Se hace uso de la autoridad para lograr algo. La razón por la que tomamos decisiones sobre nuestros hijos y por la que ejercemos nuestra autoridad es para que ellos liberen su potencial, aprendan a volar y a ser libres. Esa es la diferencia con el autoritarismo, que ejerce maltrato para que el otro no vuele, para que no libere su potencial, para lastimarlo.

Hoy muchos chicos crecen en hogares donde nadie ejerce autoridad. Los hijos que crecen en una casa donde los padres no toman decisiones, lo hacen con inseguridad y temor. Algunos de estos padres piensan que si la ejercen serán tan autoritarios como lo fueron sus propios padres, pero autoridad no es autoritarismo, sino ayudarles a asumir responsabilidades y a crecer.

Imaginemos un niño que comienza a asistir a la escuela. Al principio, los padres le decimos: “Vamos a ver qué tarea tienes que hacer…”, incluso podemos hacerla juntos. Luego, a medida que va avanzando y aprendiendo, le seguimos recordando que tiene tarea. Hasta que llega el momento en que ya la hace solo. Vamos tomando menos decisiones a medida que nuestros hijos crecen en responsabilidad.

Cuando un profesor/a que tiene un grupo de niños/as a su cargo, no toma decisiones (no ejerce autoridad), tarde o temprano sufrirá las consecuencias, porque dará órdenes ambiguas. El profesor/a podrá trabajar mucho, pero los niños y niñas no entenderán sus órdenes y harán lo que quieran o puedan y su trabajo no tendrá un resultado efectivo.

Es fundamental sentarse a determinar qué queremos y qué no queremos. Cuando un profesor/a ve claramente y es responsable (si no hay responsabilidad, tampoco hay autoridad), puede tomar las mejores decisiones, los alumnos/as tendrán órdenes claras e indicaciones específicas y se facilitará el camino para que todo salga bien.

¿Cómo transmitir a nuestros alumnos una decisión que se expresa en forma de orden? Las órdenes tienen que transmitir motivación. Necesitamos dar indicaciones bajo la visión de la meta a alcanzar. “Este el objetivo, hacia allí nos dirigimos y lo vamos a lograr”. Cuando un niño entiende para qué hace lo que hace, todo resultará más fácil. No es bueno usar el temor, porque el que obedece bajo temor lo hace sintiéndose resentido, frustrado, enojado… y, tarde o temprano, pasará factura.


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miércoles, 30 de agosto de 2017

El ermitaño adusto

Fuente: “La llave de la paz interior” de Ramiro A. Calle.


Vivía en una ermita en la inmensidad del Sistema de los Himalayas. Siempre había tenido un carácter hosco. Era ermitaño desde hacía muchos años, pero no había cambiado.

Cierto día, un hombre que viajaba por la región se topó con él y, respetuosamente, le dijo:

–Hombre de Dios, te muestro mis respetos. ¿Te encuentras bien?

El ermitaño le miró adustamente y rezongó:

–¡Cómo voy a estar bien, necio? ¿Puede estar bien un hombre que es un prisionero?

–¿Cómo puedes decir que eres un prisionero si puedes moverte a tu antojo por esta inmensidad? –preguntó perplejo el visitante.

–Todo este universo se me antoja excesivamente pequeño y me siento preso en él.

El viajero no podía salir de su asombro. Estaba realmente estupefacto. El ermitaño agregó desabridamente:

–¡No pongas esa cara de bobo! ¡Qué pequeño debe de ser el mundo para que nos hayamos encontrado y tener que aguantar tu presencia!

Y el viajero replicó:

–¡Y qué pequeño debe de ser tu corazón para que seas tan poco amable!

Cuando una persona está en guerra consigo misma o llena de resentimiento, tiende a manifestarse con acritud. Cuando una persona está en paz, tiende a expresarse con afectividad. En cuando escucho hablar a alguien, sé si en su corazón reina del sosiego o el desasosiego.


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jueves, 24 de agosto de 2017

Solo tienes que vivir

... Alto y claro.


“Amar y vivir” de Consuelo Velázquez. (Piano. Interpretada por Tony Ramírez).

Fuente: “Kintsukuroi” de Tomás Navarro.

La muerte nos acompaña cada día, es ley de vida, es consustancial a nuestra existencia, pero no por ello es fácil de gestionar, máxime cuando se produce la inesperada muerte de un ser querido.

La muerte de una persona amada paraliza el cuerpo y el alma, y nos deja en un estado de estupefacción y de aletargamiento. Aceptar la muerte es un proceso complejo al que denominamos “duelo”,  que se caracteriza por un torrente de emociones intensas y variables. Oscilamos entre la tristeza y la ira, somos incapaces de pensar con claridad, y la incomprensión y la búsqueda de una respuesta nos torturan día y noche. Cuando tenemos el alma rota por haber perdido a un ser amado, creemos que la vida es cruel: el sol sigue saliendo para todo el mundo, las ciudades siguen con su ritmo frenético, las estaciones se van sucediendo y todo sigue igual para todo el mundo, excepto para nosotros.

Si no gestionamos este duelo, nos podemos quedar resentidos, deprimidos o amargados para toda la vida. A veces deseamos vivir anclados en el dolor y creemos que volver a sentir ganas de vivir, ilusión o felicidad nos convierte en un ser sin sentimientos que no amaba lo suficiente a la persona que murió. Esto es injusto para nosotros, para las personas que nos rodean y para la persona que falleció.

No des prioridad a la muerte por encima de la vida. No te olvides de ti mismo, ni de quienes te rodean. Sé que no es nada fácil, pero debes intentarlo. No existe ninguna técnica especial, ya que es tan solo una actitud, una declaración de intenciones que tiene que guiar tus pensamientos, emociones y acciones.

Elige vivir y no olvides que esta actitud vitalista no implica el olvido de la persona querida que has perdido.

Cuando empiece a amainar la tormenta, empieza a pensar en ti. Mírate al espejo. Has sufrido. Estás intentando recomponerte. El huracán de emociones empieza a calmarse. Poco a poco la tristeza se va olvidando de ti. Ha llegado el momento de formularte la más dura y sanadora de las preguntas: ¿A ti qué te queda pendiente?

La vida nos ha golpeado duramente, pero también nos ha dicho que nuestra vida es finita y que es mejor que no dejemos para mañana lo que podamos hacer hoy. Así que ponte a trabajar para cumplir tus sueños, pues es el mejor homenaje que le puedes brindar a la persona querida.

No dejes este mundo sin haber exprimido al máximo la vida. No te resignes a sobrevivir, a ser un zombi emocional. Tienes la obligación de vivir, y vivir no es lo mismo que sobrevivir. ¿Qué te queda pendiente? ¿Qué tienes que hacer? ¿Qué lugares tienes que visitar?

Te has roto, pero has podido recomponerte. Mírate al espejo. Mereces vivir. Mereces ser feliz. La felicidad no se encuentra al otro lado de una dimensión en la que su polo opuesto es la tristeza. Podemos ser felices y sentir tristeza. De la misma manera, podemos estar tristes por la muerte de una persona amada y tener momentos de felicidad.

No tienes que expiar nada, no tienes que pagar ninguna deuda, no tienes que hacer nada más que vivir y aprovechar la oportunidad que te ha brindado la vida. Mírate al espejo; que la muerte no te sorprenda con algo por hacer.


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viernes, 18 de agosto de 2017

Kintsukuroi

Fuentes: Wikipedia y “Kintsukuroi. El arte de curar heridas emocionales” de Tomás Navarro.


Kintsugi o Kintsukuroi es una técnica de origen japonés para arreglar la cerámica que se ha roto con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino. Este arte japonés de recomponer la cerámica, forma parte de una filosofía que plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y, en lugar de ocultarse, deben mostrarse, embellecer el objeto y poner de manifiesto su transformación e historia.

Los maestros kintsukuroi no recomponen una pieza de cerámica rota disimulando los pedazos que se han unido, sino que resaltan el principal valor de una pieza reconstruida: su cicatriz. Por eso, la reparan rellenando las grietas con oro o plata.

En la vida, a veces, las cicatrices son inevitables. No tenemos que avergonzarnos de nuestras cicatrices. No tenemos que taparlas, porque en ellas tenemos la mejor muestra de nuestra fortaleza. Depende de nosotros que las tratemos con respeto y que las embellezcamos.

Cuando nos sintamos perdidos, desilusionados, faltos de coraje o simplemente cansados, nuestras cicatrices embellecidas pueden darnos el impulso, la fuerza y el valor necesarios para seguir viviendo.



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viernes, 11 de agosto de 2017

Defender la propia identidad

Fuente: “Maravillosamente imperfecto, escandalosamente feliz” de Walter Riso.

Todos tenemos una naturaleza que compartimos con nuestra especie, pero también tenemos unas características que nos son propias, una esencia que nos define. Esos atributos y ese carácter son nuestra identidad.

Es verdad que no es inmutable y que podemos moldearnos a nosotros mismos, pero existe un núcleo duro formado por dos capacidades, que nos acompañarán siempre: nuestra capacidad de amar y nuestra capacidad de pensar en lo que pensamos. Ambas son un regalo y hemos de hacerlas nuestras: desarrollándolas, explotándolas, estrujándolas hasta sacarle el mayor aprendizaje posible y, sobre todo, disfrutando la dicha de tenerlas.

La identidad no se negocia, sino que se defiende, se cuida y se potencia. Cuando se descubre, se entra en un estado de tranquilidad y equilibrio interior.


La naturaleza del alacrán

Había una vez un maestro oriental que, viendo cómo un alacrán se estaba ahogando, decidió sacar al animalito del agua. Pero cuando lo hizo, el alacrán le picó.

Ante el dolor lo soltó, por lo que el animal de nuevo se estaba ahogando. Entonces intentó sacarlo y otra vez le volvió a picar.

Alguien que le observaba le dijo:

—¿Cómo es tan terco? ¿No comprende que cada vez que lo saque del agua le va a picar?

Entonces el maestro oriental le respondió:

—La naturaleza del alacrán, que es picar, no va a cambiar mi naturaleza, que es ayudar.

Entonces sacó al animalito del agua con la ayuda de una hoja.


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viernes, 4 de agosto de 2017

La última cena

Fuente: “La culpa es de la vaca. 2ª parte” de Jaime Lopera Gutiérrez y Marta Inés Bernal Trujillo.


Leonardo Da Vinci tardó en pintar “La última cena” siete años. Las imágenes que representan a Jesús y a los doce apóstoles, al parecer, fueron retratos de personas reales. Cuando se supo que Da Vinci pintaría esta obra, cientos de jóvenes se presentaron ante él para ser modelos. Leonardo seleccionó en primer lugar a la persona que representaría a la figura de Cristo. Buscaba un rostro bien parecido, libre de rasgos duros, que reflejara una personalidad inocente y pacífica. Finalmente, seleccionó a un joven de diecinueve años.

Leonardo trabajó durante casi seis meses para pintar al personaje principal de esta formidable obra. Durante los siguientes años, continuó su obra buscando a las personas que representarían a los doce apóstoles, dejando para el final a la que hiciera de modelo para Judas.

Durante muchas semanas buscó a un hombre con un rostro marcado por la decepción, con una expresión dura y fría, que identificara a una persona capaz de traicionar a su mejor amigo.

Después de muchos intentos fallidos en la búsqueda de este modelo, llegó a los oídos de Leonardo que existía un hombre con estas características en el calabozo de Roma. Este hombre estaba sentenciado a muerte por diversos robos y asesinatos. Da Vinci fue a visitarlo y vio ante él a un hombre de largos cabellos, que ocultaban su rostro y unos ojos llenos de rencor y odio: al fin había encontrado a la persona que hiciera de modelo para Judas.

El prisionero fue trasladado a Milán. Durante varios meses este hombre se sentó silenciosamente frente a Leonardo, que plasmaba en su obra al personaje que había traicionado a Jesús. Cuando le dio la última pincelada a su obra, se dirigió a los guardias del prisionero y les dijo que se lo llevaran. Cuando salían del recinto, el prisionero se soltó de los guardias y corrió hacia Leonardo Da Vinci gritándole:

—¡Da Vinci! ¡Obsérvame! ¿No reconoces quién soy?

Leonardo Da Vinci lo estudió cuidadosamente y le respondió:

—Nunca te había visto en mi vida hasta aquella tarde en el calabozo de Roma.

El prisionero levantó los ojos al cielo, cayó de rodillas y gritó desesperadamente:

—¡Leonardo Da Vinci, mírame: soy el joven cuyo rostro escogiste hace siete años para representar a Cristo!


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viernes, 28 de julio de 2017

El rompecabezas de la vida

Fuente: “Nudos mentales” de Bernardo Stamateas.


Hacer un rompecabezas consiste en colocar correctamente cada pieza para armar un cuadro final. Un rompecabezas se construye pieza a pieza, con mucha paciencia, hasta que se logra encajar la última pieza y así alcanzar la satisfacción de haberlo logrado.

Nuestra vida es como un rompecabezas en el que tenemos que construir nuestra propia historia, pero hemos de tener en cuenta que nuestra percepción de las cosas no es la realidad, sino cómo queremos ver los hechos. Así, por ejemplo, cuando construimos la historia de nuestras vacaciones, tomamos cinco o seis eventos que unimos dándoles un sentido, y las demás escenas las dejamos de lado.

La percepción es selectiva, elegimos o recortamos una parte de la realidad y así nos transformamos en constructores de historias que nos narramos como si fueran cuentos, novelas, y de este modo aceptamos que las cosas tienen tal comienzo, tal desarrollo y tal final. Así, si estamos mal tenemos un relato negativo. Y si estamos bien reconocemos tanto las partes positivas como las negativas, pero a las negativas las colocamos por debajo de las positivas.

A lo largo de la vida nos han pasado cientos de cosas. En la construcción del rompecabezas de nuestra vida tenemos piezas dolorosas que hemos de encajar, pero con el correr del tiempo ese dolor cambiará y se transformará como también lo hacemos nosotros. Si, por ejemplo, te despiden del trabajo, estás mal, triste y preocupado, pero si un tiempo después encuentras un trabajo mejor remunerado y donde te sientes mejor, estas dos últimas piezas le dan un sentido diferente a la primera pieza, que solo era dolorosa.

A veces, hay piezas que parecen no encajar con nada. Nos urge encontrar su lugar, y sin embargo no logramos darles sentido. Tenemos que dejarlas de lado y seguir con otras, ¡ya encajarán! La vida siempre nos va dando piezas nuevas para que al encajarlas con otras podamos darles otros sentidos a las cosas.

Es importante que tengas en cuenta que para hacer un rompecabezas debes saber qué estás armando. Si no sabes adónde quieres ir, no sabrás qué camino tomar para ir construyendo poco a poco el rompecabezas de tu vida.

El rompecabezas de la vida no tiene bordes, podemos seguir construyendo una y otra vez, porque de eso se trata nuestra existencia, de hacer un modelo propio con nuestra vida.


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viernes, 21 de julio de 2017

Preguntas

Jorge Bucay en su libro “Déjame que te cuente”, es psicoterapeuta de Demián. En el capítulo titulado “Preguntas”, en una de las sesiones, éste le lee algo que había escrito el día anterior. Según Demián, no se trata de preguntas, sino de planteamientos. En realidad, no quiere que Jorge le conteste porque no busca las respuestas. Solo quiere que le escuche.

He seleccionado un fragmento de esta sesión que el mismo Demián califica de silenciosa, densa, pesada…



«¿Qué obligación tiene otra persona de entenderme?

¿Qué obligación tiene de aceptarme?

¿Qué obligación tiene de escucharme?

¿Qué obligación tiene de aprobarme?

¿Qué obligación tiene de no mentirme?

¿Qué obligación tiene de tenerme en cuenta?

¿Qué obligación tiene de quererme como a mí me gustaría?

¿Qué obligación tiene de quererme cuanto a mí me gustaría?

¿Qué obligación tiene cualquier otra persona de quererme?

¿Qué obligación tiene de respetarme?

¿Qué obligación tiene el otro de enterarse de que yo existo?...

Y si nadie se entera de que existo, ¿para qué existo?

Y si mi existencia no tiene sentido sin otro, ¿cómo no sacrificar cualquier cosa, sí, CUALQUIER COSA, para que el sentido permanezca a mi alcance?

... Y si el camino desde el parto hasta el ataúd es solitario, ¿para qué engañarnos haciendo como si pudiéramos encontrar compañía? »


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viernes, 14 de julio de 2017

La carreta vacía

Fuente: “La culpa es de la vaca” de Jaime Lopera y Marta Inés Bernal.


Cierta mañana, mi padre me invitó a dar un paseo por el bosque y yo acepté con placer. Se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:

—Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas algo?

Agucé mis oídos y algunos segundos después le respondí:

—Estoy escuchando el ruido de una carreta.

—Eso es —dijo mi padre—. Es una carreta vacía.

—¿Cómo sabes que está vacía, si aún no la vemos? —le pregunté.

Y él respondió:

—Es muy fácil saber que una carreta está vacía, por el ruido. Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace.

Me convertí en adulto y aún hoy, cuando veo a una persona hablando demasiado, a una persona inoportuna, que interrumpe la conversación de todo el mundo, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo:

—Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace.


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viernes, 7 de julio de 2017

Volar, lo que se dice volar...

El blog “Si yo cambio, todo cambia” cumple hoy siete años. Tras este tiempo, volar, lo que se dice volar, no vuelo, pero os aseguro que mis suelas no tocan el suelo...


“Volar” es una canción de Juan Gómez Canca, conocido artísticamente como El Kanka, compositor y músico malagueño de la nueva generación de cantautores españoles. Pertenece a su álbum “El día de suerte de Juan Gómez” (2014).

“Volar”. El Kanka y Rozalén.

Volar, lo que se dice volar, no vuelo...

Pero desde que cambié el palacio por el callejón, desde que rompí todas las hojas del guión…, si quieres buscarme mira para el cielo.

Pero desde que me dejé el bolso en la estación y le pegué fuego a la tele del salón…, te prometo, hermano, que mis suelas no tocan el suelo.

Solté todo lo que tenía y fui feliz.

Solté las riendas y dejé pasar.

No me ata nada aquí.

No hay nada que guardar…

Así que cojo impulso y a volar.

Lo que se dice volar, no vuelo...

Pero desde que tiré las llaves ya no quiero entrar. Desde que quemé las naves y a aprendí a nadar…, si quieres buscarme mira para el cielo.

Pero desde que olvidé el teléfono en un bar. Desde que no tengo nada parecido a un plan…, te prometo, hermano, que mis suelas no tocan el suelo.

Volar, lo que se dice volar, no vuelo.


A todas las personas que siguen el blog y a las que llegan a él por “causalidad”… GRACIAS.

Ojalá volvamos a encontrarnos aquí el año que viene.



OTROS CUMPLEAÑOS:

- Hoy cumplimos un añito

- Dos años despertando

- Después de tres años sigue valiendo la pena...

- Mi compromiso

- Cambia, mejora el mundo

- El mejor regalo

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domingo, 2 de julio de 2017

El apego

Este cuento está incluido en el libro “Las zonas oscuras de tu mente” de Ramiro A. Calle.


Eran dos renunciantes espirituales. Uno de ellos había sido muy rico y lo dejó todo para convertirse en eremita, pero se hacía ayudar por un criado y utilizaba una escudilla y una taza de oro como utensilios. El otro eremita era muy pobre y siempre lo había sido y solo tenía por posesión una escudilla de hojalata. El eremita pobre siempre estaba criticando al eremita rico y le reprochaba:

—¡Tú no sirves para ermitaño! ¡Vaya ermitaño que tiene un criado y utiliza una escudilla de oro!

Una y otra vez trataba de ridiculizar al eremita rico, que un día, de súbito, le dijo:

—Ahora mismo partimos de peregrinación. ¡Pongámonos en marcha!

La peregrinación no le apetecía nada al eremita pobre, pero para estar a la altura de las circunstancias, accedió. Llevaban caminando quince minutos, cuando el eremita pobre, muy angustiado, exclamó:

—¡He olvidado mi escudilla! ¡Tengo enseguida que volver a recogerla!

Y el eremita rico le dijo:

—No sabía que tuvieras tanto apego a una escudilla. Te has estado metiendo conmigo incansablemente y resulta que tú estás mucho más aferrado a tu escudilla de hojalata que yo a la mía de oro.


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lunes, 26 de junio de 2017

Conectar con tu vocación

Fuente: “Maravillosamente imperfecto, escandalosamente feliz” de Walter Riso.


La mayoría de los diccionarios definen la vocación como la inclinación a un estado, una profesión o una carrera, pero es mucho más que eso porque, conectar con tu vocación, implica descubrir tu naturaleza esencial y, por tanto, tiene que ver con la autorrealización.

Debes buscar tus dones, tus fortalezas, tus talentos. Todos tenemos algún atributo especial, aunque estemos lejos de la “perfección” que nos quieren imponer.

Estás empezando a conectar con tu vocación si lo que haces te sale del alma, lo haces bien y tienes facilidad para llevarlo a cabo; si lo haces con pasión, gusto y satisfacción; si la gente se acerca a ti y le llama la atención lo que haces…

Es verdad que no todo el mundo puede conectar con su vocación. No hay un método concreto para hacerlo. Lo que sí puedo decirte es que de tanto golpear puertas a veces se abre la que es. De pronto, encuentras algo con lo cual fluyes, pierdes la dimensión del tiempo y no sientes el esfuerzo de llevarlo a cabo. Es como si hubieras encontrado la pieza que faltaba en tu rompecabezas existencial.

Cuando conectas con tu vocación, el “yo” se expande y te sientes en tu lugar. Ahí no habrá dudas. La suerte, que no es más que la coincidencia de uno con uno mismo, se llama autorrealización.

Es entonces cuando sientes lo trascendente, lo mágico y… ¿encuentras a Dios?


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miércoles, 21 de junio de 2017

Usar la imaginación (II)

Fuente: “El hombre que calculaba” de Malba Tahan.


Hacía pocas horas que viajábamos sin interrupción, cuando nos ocurrió una aventura digna de ser referida, en la cual mi compañero Beremís puso en práctica, con gran talento, sus habilidades de eximio algebrista.

Encontramos, cerca de una antigua posada medio abandonada, tres hombres que discutían acaloradamente al lado de un lote de camellos.

Furiosos se gritaban improperios y deseaban plagas:

—¡No puede ser!

—¡Esto es un robo!

—¡No acepto!

El inteligente Beremís trató de informarse de qué se trataba.

—Somos hermanos —dijo el más viejo— y recibimos, como herencia, esos 35 camellos. Según la expresa voluntad de nuestro padre, debo yo recibir la mitad, mi hermano Hamed Namir una tercera parte, y Harim, el más joven, una novena parte. No sabemos sin embargo, como dividir de esa manera 35 camellos, y a cada división que uno propone protestan los otros dos, pues la mitad de 35 es 17 y medio. ¿Cómo hallar la tercera parte y la novena parte de 35, si tampoco son exactas las divisiones?

—Es muy simple —respondió el “Hombre que calculaba”—. Me encargaré de hacer con justicia esa división si me permitís que junte a los 35 camellos de la herencia, este hermoso animal que hasta aquí nos trajo en buena hora.

Traté en ese momento de intervenir en la conversación:

—¡No puedo consentir semejante locura! ¿Cómo podríamos dar término a nuestro viaje si nos quedáramos sin nuestro camello?

—No te preocupes del resultado “bagdalí” —replicó en voz baja Beremís—. Sé muy bien lo que estoy haciendo. Dame tu camello y verás, al fin, a que conclusión quiero llegar.

Fue tal la fe y la seguridad con que me habló, que no dudé más y le entregué mi hermoso “jamal”, que inmediatamente juntó con los 35 camellos que allí estaban para ser repartidos entre los tres herederos.

—Voy, amigos míos —dijo dirigiéndose a los tres hermanos— a hacer una división exacta de los camellos, que ahora son 36.

Y volviéndose al más viejo de los hermanos, así le habló:

—Debías recibir, amigo mío, la mitad de 35, o sea 17 y medio. Recibirás en cambio la mitad de 36, o sea, 18. Nada tienes que reclamar, pues es bien claro que sales ganando con esta división.

Dirigiéndose al segundo heredero continuó:

—Tú, Hamed Namir, debías recibir un tercio de 35, o sea, 11 camellos y pico. Vas a recibir un tercio de 36, o sea 12. No podrás protestar, porque también es evidente que ganas en el cambio.

Y dijo, por fin, al más joven:

—A ti, joven Harim Namir, que según voluntad de tu padre debías recibir una novena parte de 35, o sea, 3 camellos y parte de otro, te daré una novena parte de 36, es decir, 4, y tu ganancia será también evidente, por lo cual sólo te resta agradecerme el resultado.

Luego continuó diciendo:

—Por esta ventajosa división que ha favorecido a todos vosotros, tocarán 18 camellos al primero, 12 al segundo y 4 al tercero, lo que da un resultado (18 + 12 + 4) de 34 camellos. De los 36 camellos sobran, por lo tanto, dos. Uno pertenece, como saben, a mi amigo el “bagdalí” y el otro me toca a mí, por derecho, y por haber resuelto a satisfacción de todos, el difícil problema de la herencia.

—¡Sois inteligente, extranjero! —exclamó el más viejo de los tres hermanos—. Aceptamos vuestro reparto en la seguridad de que fue hecho con justicia y equidad. El astuto Beremís –el “Hombre que calculaba”— tomó luego posesión de uno de los más hermosos “jamales” del grupo y me dijo, entregándome por la rienda el animal que me pertenecía:

—Podrás ahora, amigo, continuar tu viaje en tu manso y seguro camello. Tengo ahora yo, uno solamente para mí.

Y continuamos nuestra jornada hacia Bagdad.


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viernes, 16 de junio de 2017

Estaré aquí mismo...

En julio de 2012 escribía en la entrada “Dos años despertando” lo siguiente: “Este segundo año de vida del blog, ha sido para mí un año lleno de oportunidades en el que se han producido y se producirán, si Dios lo quiere, grandes cambios en mi vida: he cambiado de casa y, tras las vacaciones, en septiembre cambiaré de puesto y lugar de trabajo. No creo en la casualidad...


“I have a dream”. Richard Clayderman.

En septiembre de 2012, comencé a trabajar en un nuevo colegio. Cuando eres la última que llega, por mucha experiencia que tengas, lo desconoces todo y tienes muy pocas oportunidades de elegir curso. El caso es que me asignaron la tutoría de un grupo de segundo de primaria. Se supone que estaría un solo curso con estos niños y niñas, hasta finalizar el primer ciclo. Pues bien, aunque es algo excepcional en cualquier centro escolar, he sido su maestra tutora durante cinco cursos escolares.

Como es normal, en estos cinco cursos se produjeron algunas bajas, inmediatamente cubiertas, de niños y niñas que se marcharon a vivir a otra ciudad o a otro colegio más próximo a su domicilio. En el camino también se unieron algunos niños “repetidores”. De esta manera, se fue formando un grupo muy heterogéneo de niños y niñas con enormes ganas de aprender, aunque, eso sí, algunos con pocas ganas de estudiar. Todos, y cada uno a su manera, diferentes, únicos, incomparables y especiales.

Les he dado durante cinco cursos Lengua, Matemáticas, Ciencias Sociales, Ciencias Naturales, Plástica y en quinto, además, Ciudadanía. Son, por tanto, muchas las horas de convivencia y hago gala de conocerlos bien.

Siempre evité ser solo su profesora y aunque la palabra maestra me queda, sin duda, grande, he intentado serlo. Sigo con el pensamiento ilusionante de que lo que hago no es en vano. Ese es el principal motor para conseguir, cada día, colgar la mochila del desaliento junto a las mochilas de mis alumnos/as y ya, liberada de peso, iniciar mi tarea. Enseño todo lo que sé. No guardo nada. Me vacío para poder llenarme… y aprendo. Siempre aprendo.

Aunque sé que “las cosas” más importantes se aprenden en casa, me he esforzado para enseñarles, sobre todo con el ejemplo, a pensar, a tener capacidad crítica y unos principios morales sólidos y me he sentido apreciada y apoyada por unas familias que desde el principio entendieron que la educación de sus hijos e hijas era una tarea compartida y depositaron en mí su confianza y la autoridad necesaria para educarlos. Evidentemente, no puedo gustarle a todo el mundo y asumo con naturalidad tanto el reconocimiento, como la desaprobación o la indiferencia. En cualquier caso, nunca aparento ser lo que no soy para intentar agradar.

En cuanto a las nuevas reformas educativas, he intentando no perder el norte y tener claro lo que debía transmitir, sabiendo que quien se escandaliza ante lo nuevo, demuestra que se está haciendo viejo, pero quien defiende cualquier cosa que sea nueva demuestra su estupidez.

El tiempo pasa inexorablemente y los niños y niñas crecen demasiado deprisa. Es ley. El día 23 de junio finaliza el curso escolar y acabarán la etapa de educación primaria. Yo les he hablado de que tienen que cerrar un círculo. ¡Qué tontería! Con doce años, la vida les empuja con una fuerza arrolladora y están rebosantes de ilusión, emoción y alegría, con algunas pequeñas gotas de temor e incertidumbre, por el cambio a un centro de enseñanza secundaria.

Lo del círculo, en realidad, lo digo por mí, porque sé que me quedan ya pocos por cerrar en mi profesión y siempre siento temor al volver a empezar de nuevo con otros niños y niñas. Pero la vida está para adelante, nunca para atrás, y espero seguir disfrutando de cada día en la escuela, porque es un regalo que la vida me da.

A mis niños y niñas, solo me queda darles las gracias por haberme hecho disfrutar de mi trabajo durante cinco cursos escolares, desearles que vivan una VIDA con mayúsculas y decirles que estaré aquí mismo... Qué Dios los bendiga.



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domingo, 11 de junio de 2017

Cuentos envidiosos (II)

Fuentes: "Gente Tóxica" y “Emociones tóxicas” de Bernardo Stamateas.


Había un hombre vendiendo cangrejos en la playa. Tenía dos cubos llenos de animales vivos: uno estaba cubierto con una malla y el otro, tapado. Una mujer le preguntó: "¿Por qué ha tapado un cubo y el otro no?" Entonces el vendedor respondió. "Porque vendo dos tipos de cangrejos: japoneses y argentinos. El cangrejo japonés siempre trata de salir del cubo; cuando no lo consigue, los demás hacen una cadena, se apoyan unos a otros y así todos logran salir, por eso he tenido que ponerles una tapa. Los cangrejos argentinos* también tratan de escaparse, pero cuando uno intenta saltar, los de más abajo lo agarran y así ninguno escapa."

La envidia es una profunda rabia producida por el logro de otros: reconocimento, casa, familia, pareja, amigos... Es un sentimiento destructivo de alguien que pretende quitar lo que ha logrado la persona objeto de su envidia. La excelencia y el éxito siempre traen envidia. Nadie envidia a un miserable o a un mendigo...

* Nota de Luma Olivares: Los cangrejos podrían ser, perfectamente, españoles.


Una niña vuelve del colegio llorando:

–Mamá, dicen que soy envidiosa, no aguanto más.

–Deja –le dice la madre–. Voy a ir al colegio a hablar con todos esos desgraciados y se van a ir al infierno.

–No, mamá, porque se van a ir ellos y yo no.

Los envidiosos son amargados, viven compitiendo y comparándose con todos.


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martes, 6 de junio de 2017

Dos voces

Fuente: “Nudos mentales” de Bernardo Stamateas.


Existen dos voces, la exterior y la interior. La importante es la interior.

Si, por ejemplo, me dicen “tonto” (voz exterior) y esa voz coincide con mi voz interior, es decir, yo también me digo a mí mismo “tonto”, entonces ese adjetivo me dolerá. Pero aunque la voz “exterior” me diga “tonto” si no coincide con mi voz interior (yo me digo que soy inteligente), entonces no hay dolor.

Cuando las voces no coinciden no hay dolor.

No podemos manejar las voces exteriores, pero sí las interiores.


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sábado, 3 de junio de 2017

Buenos modales

Fuente: "Un minuto para el absurdo" de Anthony de Mello


El Maestro no era, ciertamente, un obseso de la etiqueta y las buenas maneras, aunque siempre daba muestras de una natural educación y elegancia en su trato con los demás.

Una noche, llevando al Maestro a su casa en automóvil, un joven discípulo se mostró especialmente grosero con un agente de tráfico, y en su propio descargo le dijo al Maestro:

—Prefiero ser yo mismo y que la gente sepa exactamente cómo me siento... La cortesía no es más que aire...

—Eso es verdad —dijo conciliador el Maestro—, pero aire es también lo que llevamos en los neumáticos, y fíjate cómo suaviza los baches...


El Maestro paseaba calle abajo cuando, de pronto, salió de un portal un hombre que chocó violentamente con él.

El individuo, totalmente fuera de sí, rompió a soltar palabrotas. El Maestro hizo una breve inclinación, sonrió amablemente y le dijo:

—Amigo, no sé quién de los dos ha tenido la culpa de que chocáramos, pero no estoy dispuesto a perder el tiempo tratando de averiguarlo...Si la culpa ha sido mía, le pido perdón; si ha sido suya, olvídelo.

Y, tras hacer una nueva inclinación y esbozar una nueva sonrisa, siguió caminando.

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lunes, 29 de mayo de 2017

Una hora "extra" al día


Elaine St. James, en su libro “Simplifica tu vida”, nos enseña todo aquello que le fue útil para simplificar su vida.

Entre los consejos para mejorar la salud, está el de levantarse una hora antes.

Habitualmente nos levantamos con el tiempo justo para vestirnos, desayunar un poco y llevar los niños a la escuela.

Si nos levantamos una hora antes tenemos la oportunidad de hacer las tareas habituales con más tranquilidad y realizar cosas que normalmente no podemos hacer: desayunar relajadamente con la familia, escuchar música, meditar, leer, pasear, hacer ejercicio, ver amanecer… ¿Qué harías tú con tu hora extra?

Robar una hora al día, si no se utiliza para trabajar, es una forma muy efectiva de aliviar el estrés y empezar el día con buen pie.


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miércoles, 24 de mayo de 2017

El valor de lo que compramos

Fuente: “El pequeño libro de la superación personal” de Josef Ajram.


En ocasiones, entre nuestras ilusiones y aspiraciones está la de comprarnos algo (un coche, una casa...). La ilusión es algo incuantificable, pero hemos de considerar que, a veces, no compramos cosas con dinero, sino con horas de nuestra vida.

No solo se trata de considerar la cantidad de dinero que cuesta lo que deseamos, sino de horas de trabajo, de esfuerzo o de privación de otras cosas.

Hemos de valorar bien lo que queremos comprar y entender el esfuerzo a nivel de tiempo que nos cuesta.

El dinero se recupera, el tiempo no.

El día de hoy no se va a volver a repetir jamás…


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viernes, 19 de mayo de 2017

La paja en el ojo ajeno

Un hombre que tenía un grave problema de miopía, se consideraba un experto crítico de arte.

Un día que visitó un museo con algunos amigos, se le olvidaron las gafas en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no lo detuvo y no dejó de dar sus opiniones.

Tan pronto entraron a la galería, comenzó a comentar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo:


–El marco es completamente inadecuado para el cuadro.

–El hombre está vestido con muy mal gusto.

–En realidad, el artista cometió un gran error al elegir como modelo a alguien tan vulgar...

El hombre siguió hablando sin parar hasta que su esposa se acercó, lo apartó discretamente y le dijo en voz baja:

–Querido, ¡estás mirando un espejo!

¡Qué fácil es reconocer las faltas de los demás y cuánto nos cuesta reconocer y admitir esas mismas faltas en nosotros mismos!

Autor desconocido.


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domingo, 14 de mayo de 2017

Digan lo que digan

Fuentes: Canción "Digan lo que digan" (1968) de Manuel Alejandro y "El pequeño libro de la superación personal" de Josef Ajram.


“Digan lo que digan”. Raphael.

Imaginemos por un momento que nos encontramos un periódico con los siguientes titulares: “Siete millones de personas siguen vivas”, “Cincuenta mil vuelos despegan y aterrizan a diario sin ningún contratiempo”. Estas dos grandes noticias jamás serán portada de ningún periódico porque, por un motivo que se me escapa, las buenas noticias no interesan. En cambio, sí serían portada hechos desgraciados como la muerte de equis personas o el fallido vuelo de un avión.

Tan acostumbrados estamos a que los medios de comunicación resalten como noticias hechos y acontecimientos "malos", que nos han hecho creer que lo "normal" es que las cosas vayan bien. Sin embargo, conseguir que las cosas funcionen y vayan bien no es nada fácil y cuesta mucho esfuerzo. Por eso,  es necesario que lo apreciemos y lo valoremos como se merece.

Los medios de comunicación deberían hacerse eco de las buenas noticias en lugar de "envenenarnos" constantemente con una sucesión de acontecimientos que nos hacen creer que la vida es un infierno.

A lo largo del día pasan muchas más cosas bonitas que malas. Tenemos que apreciarlas y destacarlas.

Deberíamos detenernos a diario para hacer una lista de todas las cosas buenas que hemos hecho durante el día. El ser conscientes de las cosas que hacemos bien, nos ayudará a no dudar de nuestra capacidad para poder salir de los "baches" que encontramos en la vida.

"En el mundo hay más dicha que dolor; más azul que nubes negras; más luz que oscuridad; más amor que odio; más besos y caricias que mala voluntad.

Son muchos más los que perdonan que los que condenan.

La gente quiere paz, se enamora y adora lo que es bello.

Los hombres tienen fe en la otra vida y luchan por el bien.

... Digan lo que digan los demás".

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martes, 9 de mayo de 2017

El sentimiento de soledad

Fuente: “Las zonas oscuras de tu mente” de Ramiro A. Calle.


La vida es una senda. Para unas personas es más larga y para otras lo es menos, pero para todos surge del punto llamando nacimiento y concluye en el punto llamado muerte. Con desigual fortuna hollamos esa senda a lo largo de unos años. Somos viajeros por la Vía Láctea.

Muchas personas a la vez pueden caminar por esa senda (hay muchos coincidentes vitales), pero cada uno tiene sus ansiedades, sus miedos y pesares, sus alegrías y sus gozos, sus reacciones. Millones de soledades caminando por la Vía Láctea. La soledad es un hecho. Aunque durmamos con diez personas en una habitación, cada uno duerme en sí mismo y tiene sus sueños. La soledad es inevitable. La soledad significa que nos sentimos solos aunque estemos acompañados de millones de seres. Mientras uno se sienta separado, hay soledad, hay angustia, hay miedo.

Muchas veces el sentimiento exacerbado de soledad se intensifica porque no nos encontramos lo suficientemente bien en nosotros mismos o porque experimentamos tristeza o tedio cuando nos hallamos a solas o porque no sabemos utilizar esa soledad como herramienta para conocernos, sentirnos, enriquecernos o llevar a cabo con motivación cualquier actividad.

Hay que saber asumir la soledad e integrarla en la propia vida, sin resistirse inútilmente a ella, pues entonces se genera el sentimiento de soledad que puede, a su vez, dar paso al sentimiento neurótico de soledad, consistente en no poder permanecer con uno mismo y tener que utilizar toda suerte de escapes para mitigar ese sentimiento de pesadumbre o impotencia.

La soledad nos puede ayudar a sentirnos y vivirnos a nosotros mismos más intima e inmensamente, enseñándonos otro modo de percibir, sentir y experimentar. Hay que ejercitarse para estar bien en soledad y en compañía, y comprender que el problema no es la soledad, sino si la misma engendra un sentimiento de penumbra y malestar.

La soledad también puede ser muy creativa y constructiva y unos minutos diarios de real soledad, sin escapismos de ningún tipo, nos ayudan a desconectar, a recoger la mente en sí misma y a sentir nuestro yo verdadero e incluso desenmascarar aquello que lo esconde y oculta. La soledad es una ocasión muy especial no solo para conocerse y sentirse, sino también para equilibrarse, sosegarse y desarrollar la creatividad de cualquier orden o cualquier tipo de aprendizaje.


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miércoles, 3 de mayo de 2017

Cuentos envidiosos (I)

Fuente: “Emociones tóxicas” de Bernardo Stamateas.


El pavo real y sus admiradores de Godofredo Daireaux.

El pavo real, con la cola desplegada, erguido en un delicioso cuadro de prados verdes, de aguas relucientes y de arbustos, parecía esparcir a su alrededor, bajo los rayos del sol, una lluvia de pedrerías, un rocío de esmeraldas, de zafiros y de oro.

Le rodeaba un espeso círculo de admiradores extasiados, y él gozaba de veras.

Pero se le ocurrió a uno de los que allí estaba decir en voz alta que también era muy bonito el faisán dorado. Por cierto, no le quitaba al pavo real nada de su mérito y, sin embargo, se quedó este muy triste, casi como si le hubieran llamado feo.

Los envidiosos piensan que el mérito ajeno rebaja el de ellos.


Cierta vez, un rey quería saber qué era peor: si ser tacaño o envidioso. Entonces buscó al envidioso más grande y al tacaño más grande del reino y les dijo:

–Quiero regalarles algo. Pídanme lo que quieran, que al otro le voy a dar el doble.

Entonces el avaro preguntó:

–Majestad, ¿todo lo que os pida me lo vais a dar?

–Sí.

–¿Si os pido dos casas me las vais a dar?

–Sí, y al otro le daré el doble.

Entonces el envidioso le dijo al avaro:

–Elija usted primero.

–Faltaba más –le dijo el avaro–. ¿Para qué están los amigos?

Hasta que al final, el envidioso dijo:

–Voy a pedir primero. Quiero que me saquéis un ojo –le dijo al rey (para que al otro le sacaran los dos).

El envidioso prefiere sufrir para que el otro sufra más, en lugar de vivir bien y que el otro viva bien.


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viernes, 28 de abril de 2017

La vida no es justa

Fuente: "No te ahogues en un vaso de agua" de Richard Carlson.


La vida ni es justa ni lo será. Uno de los errores que muchos cometemos es que sentimos lástima de nosotros mismos, o por otros, al pensar que la vida debería ser justa, o que algún día llegará a serlo. La lástima es una emoción derrotista que no beneficia a nadie.

Reconocer que la vida no es justa puede resultar muy liberador, pues, cuando lo hacemos, lo que sentimos por nosotros mismos y por los demás es compasión, una emoción profunda que transmite afecto y bondad a todas las personas que la sienten y nos impulsa a hacer las cosas todo lo mejor que podamos con lo que tenemos.

Reconocer que la vida no es justa nos recuerda que a cada uno se le reparten cartas diferentes, y que la naturaleza y las circunstancias de cada cual son distintas. Nos ayuda a enfrentarnos a nuestros propios conflictos personales en los momentos en los que nos sentimos injustamente tratados o a las difíciles decisiones que hemos de tomar acerca de a quién podemos ayudar y a quién no. Casi siempre nos hace regresar a la realidad y nos devuelve el equilibrio

El hecho de que la vida no sea justa no significa que no debamos hacer todo lo que esté en nuestro poder para mejorar nuestras existencias. Muy por el contrario, eso es lo que deberíamos hacer. Cuando dejemos de sentir lástima, tal vez deseemos hacer algo provechoso.

Por sí misma, la vida no tiene por qué ser perfecta; que lo sea o no, depende únicamente de nosotros.


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domingo, 23 de abril de 2017

Cuestión de actitud

Los vendedores de zapatos


El director de una fábrica de zapatos, buscando nuevas oportunidades de hacer negocio, envió a dos de sus empleados del departamento de ventas a sendos países africanos para hacer un estudio de mercado.

El primer vendedor vio que todo el mundo iba descalzo y, al poco tiempo de llegar, mandó un telegrama a su jefe:

“Las perspectivas son malas. Todas las personas andan descalzas. Nadie utiliza zapatos. No hay mercado. Regreso en el próximo vuelo.”

El segundo vendedor se encontró con la misma situación, pero envió el siguiente telegrama a la empresa:

“Perspectivas fabulosas. Aquí nadie usa zapatos. Podemos venderle al país entero. No tenemos competencia. Necesitamos más vendedores”.

La misma realidad y el mismo análisis de la misma, provocan reacciones diferentes. Todo depende de la actitud de la persona que la aprecia.


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martes, 18 de abril de 2017

El elefante encadenado

Fuente: “Recuentos para Demián” de Jorge Bucay


« Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.

Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces?

¿Por qué no huye?

Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia:

- Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y solo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta : el elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.

Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.

Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, jaló y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo.

La estaca era ciertamente muy fuerte para él.

Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía...

Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree -pobre- que no puede.

Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.

Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.

Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez.»

Todos somos un poco como ese elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad.  Vivimos creyendo que "no podemos" un montón de cosas porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestra memoria el mensaje "No puedo y nunca podré", pero siempre nos queda la posibilidad de volver a intentarlo de nuevo poniendo todo el corazón.


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jueves, 13 de abril de 2017

Con la salvación a cuestas

La primera mitad de las vacaciones de Semana Santa, unos cuatro días, suelo ir a la playa buscando, sobre todo, descansar y recargar energía con esa terapia sanadora que recibo con tan solo ver el mar y respirar su aire.

Por las tardes, a veces, me acerco a la ciudad de Almería. El pasado lunes, fui a ver la salida de la procesión de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Pasión, un Nazareno que, con la cruz a cuestas, cae por tercera vez.

Nuestro Padre Jesús de la Salud y Pasión (Almería)

Cada cual vive este tipo de manifestaciones a su manera y yo, a pesar de sus connotaciones religiosas, no las vivo desde el punto de vista espiritual. Sin embargo, disfruto de esta antigua tradición, que cada año acompaña al “estallido” de la primavera, de un pueblo al que siento que pertenezco porque en él están mis raíces.

Disfruto de la belleza, casi siempre barroca, de algunas de sus imágenes paseando por las calles, mecidas al compás de las marchas procesionales interpretadas por las bandas de música; del "quejío" de las saetas; de los relieves y esculturas de sus tronos dorados, plateados o tallados en nobles maderas; de los minuciosos trabajos de orfebrería de sus enseres; de las filigranas bordadas en sus terciopelos, sedas, rasos...; de los delicados encajes; de la explosión de aromas de sus adornos florales, de la cera ardiendo, del incienso… entremezclados con un aire que huele a lilas y azahar ; de las torrijas y de los dulces, herencia andalusí, hechos a base de almendras y miel… y, sobre todo, disfruto de la gente. Gente que se apasiona, que llora y que reza…

Pero vuelvo al lunes santo, a la puerta de la iglesia de Santa Teresa desde la que salen las imágenes de la Hermandad de Pasión de Almería. No me gustan las aglomeraciones, pero son inevitables. Son las seis y media de la tarde. Una joven, bien parecida, se abre paso a empellones entre la multitud llevando en una silleta de bebé a un niño de unos tres o cuatro años. No tardó en formarse un altercado: al parecer la joven, que estaba bebida, drogada, o ambas cosas, comienza a insultar a las personas que le impiden el paso. En un lamentable estado, coge a su hijo en brazos y algunas personas, temiendo por la seguridad del niño, la increpan para que lo suelte. Ya en el suelo, para nuestra sorpresa, el pequeño, que tiene un aspecto cuidado y saludable, empieza a “defender” a su madre, amenazándonos con su puño cerrado. Su gesto agresivo y desafiante acompaña a la expresión de odio de sus ojos.

Alguien ha avisado a la policía municipal. Acuden dos parejas y es entonces cuando el niño se abraza fuertemente a su madre y le dice, ¡sin una lágrima!, que está asustado…

En ese momento, Jesús, el Nazareno, atraviesa la puerta de la iglesia y sale a la calle. La emoción me embarga y sobrecoge. Ese niño y su madre han conmovido lo más profundo de mi alma desde donde aflora una ¿certeza? que Juan José Benítez expone en muchas de sus obras sobre Jesús de Nazaret:

Jesús no fue crucificado por nuestros pecados, no se encarnó en la Tierra para redimirnos. ¿Redimirnos o liberarnos por nuestros pecados contra Dios? Ofender al Padre desde los mundos del tiempo y del espacio es inviable. ¿De qué podría redimir el Hombre-Dios a un niño pequeño?

Se encarnó, entre otras razones, para borrar la oscuridad mental de un tiempo y de futuros tiempos y refrescarnos la memoria: Todos somos hijos de un mismo Dios, y por tanto, hermanos y hemos recibido el inviolable patrimonio de la inmortalidad, es decir, nacemos con la salvación. Dios es un Padre amoroso que no necesita leyes escritas, ni prohibiciones, ni castigos; que no lleva la cuenta de nuestras obras y al que podemos hablar de tú a tú. Nadie escapa al amor de Dios. Nadie puede ofender a Dios. Somos los humanos los que nos empeñamos en salvar y condenar…

…Y el Nazareno comienza su recorrido por las calles de Almería.


El Hijo del Hombre vivió su propia experiencia en el tiempo y el espacio, una experiencia única, irrepetible e intransferible (como todas). Fue Él quien seleccionó un territorio y una época concretos (como todos) y vivió conforme a esos parámetros terrenales. Como esa joven madre, como ese niño pequeño…

No debemos imitar a Jesús de Nazaret. Nosotros vivimos en otros tiempos y en otros escenarios. Debemos amarlo y aceptar la servidumbre de nuestro propio “contrato” , que no es poco…

Creo no haberlo mencionado. Como en muchas otras ocasiones, fui a Almería acompañando a mi marido que es un apasionado de las procesiones de Semana Santa. Él, dada su afición por los belenes y las procesiones, dice de sí mismo, con gran sentido del humor, ser tonto de “nacimiento” y tonto de “capirote”. Me gustaría mostraros las maquetas de tronos o pasos que ha hecho con diferentes escenas de la Pasión. La música del vídeo es la marcha procesional “Mi amargura” del granadino Víctor Ferrer.



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sábado, 8 de abril de 2017

El Dios de la materia

Fuentes: “El día del relámpago” de Juan José Benítez y “El silencio habla” de Eckhart Tolle.


En el libro “El día del relámpago” de Juan José Benítez, primero de los libros que constituirán el epílogo de la serie “Caballo de Troya”, se dice que, al igual que los humanos somos habitados por El “Padre Azul” (Dios), la materia está habitada por el Espíritu de la Verdad (otro Dios) que también se fragmenta, desciende y habita cada gramo de lo que vemos y de lo que no vemos.

Ese Dios, el Espíritu de la Verdad, al habitar la cosas y la naturaleza, está al corriente de todo: sabe de la tersura de la mar, de sus hijos más escondidos, del silencio congelado de los glaciares, del milagro de las cosechas, de los que reptan y de los que se mueven a la velocidad de la luz, del rocío en el que te bañas, de la dolorosa inmovilidad de las rocas, de las estrellas que mueren, de las fugaces…

El espíritu de la Verdad está en la hierba, las piedras solitarias, el polvo del camino, las nubes que pasan, los horizontes, los brillos lejanos, las envidiadas aves, los monstruos marinos, los granos de arena, los animales que me salen al paso, lo que toco y lo que no toco, lo visible y lo invisible… De ahí que deban inspirarnos respeto infinito y que hablar con las cosas (supuestamente inanimadas) no sea algo tan loco. Todo está habitado por la Divinidad. Si les hablo, también le hablo…

Eckhart Tolle en su libro “El silencio habla” nos cuestiona, a modo de reflexión, sobre nuestra relación con las incontables cosas que nos rodean y que utilizamos cada día. Casi siempre, los objetos son medios para un fin y nos apegamos a ellos de manera que terminan adueñándose de nuestra vida. Sin embargo, cuando apreciamos un objeto, aunque sea brevemente, por lo que es; cuando reconocemos su ser sin proyecciones mentales, prestándole atención; cuando no podemos dejar de sentirnos agradecidos por su existencia… sentimos que en realidad no es inanimado, que solo parece inanimado a los sentidos. De hecho, los físicos confirman que, a nivel molecular, cada objeto es un campo de energía pulsante.

La apreciación desinteresada del reino de las cosas hace que el mundo que nos rodea cobre vida de un modo que ni siquiera podemos comenzar a comprender con la mente…


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