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viernes, 21 de julio de 2017

Preguntas

Jorge Bucay en su libro “Déjame que te cuente”, es psicoterapeuta de Demián. En el capítulo titulado “Preguntas”, en una de las sesiones, éste le lee algo que había escrito el día anterior. Según Demián, no se trata de preguntas, sino de planteamientos. En realidad, no quiere que Jorge le conteste porque no busca las respuestas. Solo quiere que le escuche.

He seleccionado un fragmento de esta sesión que el mismo Demián califica de silenciosa, densa, pesada…



«¿Qué obligación tiene otra persona de entenderme?

¿Qué obligación tiene de aceptarme?

¿Qué obligación tiene de escucharme?

¿Qué obligación tiene de aprobarme?

¿Qué obligación tiene de no mentirme?

¿Qué obligación tiene de tenerme en cuenta?

¿Qué obligación tiene de quererme como a mí me gustaría?

¿Qué obligación tiene de quererme cuanto a mí me gustaría?

¿Qué obligación tiene cualquier otra persona de quererme?

¿Qué obligación tiene de respetarme?

¿Qué obligación tiene el otro de enterarse de que yo existo?...

Y si nadie se entera de que existo, ¿para qué existo?

Y si mi existencia no tiene sentido sin otro, ¿cómo no sacrificar cualquier cosa, sí, CUALQUIER COSA, para que el sentido permanezca a mi alcance?

... Y si el camino desde el parto hasta el ataúd es solitario, ¿para qué engañarnos haciendo como si pudiéramos encontrar compañía? »


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viernes, 14 de julio de 2017

La carreta vacía

Fuente: “La culpa es de la vaca” de Jaime Lopera y Marta Inés Bernal.


Cierta mañana, mi padre me invitó a dar un paseo por el bosque y yo acepté con placer. Se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:

—Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas algo?

Agucé mis oídos y algunos segundos después le respondí:

—Estoy escuchando el ruido de una carreta.

—Eso es —dijo mi padre—. Es una carreta vacía.

—¿Cómo sabes que está vacía, si aún no la vemos? —le pregunté.

Y él respondió:

—Es muy fácil saber que una carreta está vacía, por el ruido. Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace.

Me convertí en adulto y aún hoy, cuando veo a una persona hablando demasiado, a una persona inoportuna, que interrumpe la conversación de todo el mundo, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo:

—Cuanto menos cargada está una carreta, mayor es el ruido que hace.


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viernes, 7 de julio de 2017

Volar, lo que se dice volar...

El blog “Si yo cambio, todo cambia” cumple hoy siete años. Tras este tiempo, volar, lo que se dice volar, no vuelo, pero os aseguro que mis suelas no tocan el suelo...


“Volar” es una canción de Juan Gómez Canca, conocido artísticamente como El Kanka, compositor y músico malagueño de la nueva generación de cantautores españoles. Pertenece a su álbum “El día de suerte de Juan Gómez” (2014).

“Volar”. El Kanka y Rozalén.

Volar, lo que se dice volar, no vuelo...

Pero desde que cambié el palacio por el callejón, desde que rompí todas las hojas del guión…, si quieres buscarme mira para el cielo.

Pero desde que me dejé el bolso en la estación y le pegué fuego a la tele del salón…, te prometo, hermano, que mis suelas no tocan el suelo.

Solté todo lo que tenía y fui feliz.

Solté las riendas y dejé pasar.

No me ata nada aquí.

No hay nada que guardar…

Así que cojo impulso y a volar.

Lo que se dice volar, no vuelo...

Pero desde que tiré las llaves ya no quiero entrar. Desde que quemé las naves y a aprendí a nadar…, si quieres buscarme mira para el cielo.

Pero desde que olvidé el teléfono en un bar. Desde que no tengo nada parecido a un plan…, te prometo, hermano, que mis suelas no tocan el suelo.

Volar, lo que se dice volar, no vuelo.


A todas las personas que siguen el blog y a las que llegan a él por “causalidad”… GRACIAS.

Ojalá volvamos a encontrarnos aquí el año que viene.



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- Hoy cumplimos un añito

- Dos años despertando

- Después de tres años sigue valiendo la pena...

- Mi compromiso

- Cambia, mejora el mundo

- El mejor regalo

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domingo, 2 de julio de 2017

El apego

Este cuento está incluido en el libro “Las zonas oscuras de tu mente” de Ramiro A. Calle.


Eran dos renunciantes espirituales. Uno de ellos había sido muy rico y lo dejó todo para convertirse en eremita, pero se hacía ayudar por un criado y utilizaba una escudilla y una taza de oro como utensilios. El otro eremita era muy pobre y siempre lo había sido y solo tenía por posesión una escudilla de hojalata. El eremita pobre siempre estaba criticando al eremita rico y le reprochaba:

—¡Tú no sirves para ermitaño! ¡Vaya ermitaño que tiene un criado y utiliza una escudilla de oro!

Una y otra vez trataba de ridiculizar al eremita rico, que un día, de súbito, le dijo:

—Ahora mismo partimos de peregrinación. ¡Pongámonos en marcha!

La peregrinación no le apetecía nada al eremita pobre, pero para estar a la altura de las circunstancias, accedió. Llevaban caminando quince minutos, cuando el eremita pobre, muy angustiado, exclamó:

—¡He olvidado mi escudilla! ¡Tengo enseguida que volver a recogerla!

Y el eremita rico le dijo:

—No sabía que tuvieras tanto apego a una escudilla. Te has estado metiendo conmigo incansablemente y resulta que tú estás mucho más aferrado a tu escudilla de hojalata que yo a la mía de oro.


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